Viajar por una urgencia
Estoy en el aeropuerto de Edimburgo a punto de tomar un vuelo de urgencia. Mi abuela está ingresada y su pronóstico es grave. Ayer compré los billetes en menos de cinco minutos. Un clic y listo.
En menos de tres horas recorreré 1.921 kilómetros, los que separan Edimburgo de Barcelona. ¿Qué habría supuesto este recorrido antes de la existencia del avión? ¿Y del tren?
Mientras espero, me pierdo en uno de esos ya tan normalizados scrolls en redes sociales, donde, entre chisme y anuncio marketero, me van apareciendo cientos de cuentas de creadores de contenido sobre viajes. Da la sensación de que todo el mundo puede viajar y de que ya no hay casi nada por descubrir. Quizá solo nos queda sobreexplotarlo turísticamente como el Everest: hace años un hito, ahora una excursión de domingo por la mañana.
@jesuscallejatv La aventura ha de tener un sentido, unas formas, unos principios y sobre todo un respeto a los lugares y sus gentes...no todo vale. #Everest ♬ Cornfield Chase - Hans Zimmer
La lista de National Geographic
Releo la lista de los 25 viajeros de National Geographic que han abierto caminos, la cual he leído varias veces por un trabajo del máster de periodismo viajero que estoy cursando. Es un reto escoger solo 25 grandes viajeros, pero me da la sensación de que siempre se recurre a los clásicos: Marco Polo, Cristóbal Colón, David Livingstone, entre otros, y parece que cuesta salir de ahí. El ejercicio consiste en identificarse con uno y relacionarlo con la actualidad.
Reflexionando, me doy cuenta de que hay algo que une a todos los viajeros de la lista, y al resto de ellos: tener un reto por cumplir; si es “imposible”, mejor, o batir el récord de otro viajero.
Mi reto, en este viaje: llegar lo antes posible junto a mi familia. Qué curioso: la inmediatez se ha convertido en un imprescindible para nuestros viajes: vuelo directo, el camino más corto, reservas en un clic.
Viajar para crear rutas seguras:
Esta idea de “ir más rápido” también movió a alguno de esos viajeros de la lista: Fernando de Magallanes. En el siglo XVI buscaba la forma de optimizar la ruta hasta Moluca, la isla de las especias. Y aunque se demoró tres años y 28 días, no solo encontró la ruta que ahorraba intermediarios y puertos hostiles, sino que protagonizó el primer viaje documentado en dar la vuelta al mundo.
“Dar la vuelta al mundo” es un reto en sí mismo, un concepto que nos ofrece aventura, peligro y superación. Pero no es nada fácil: cuando Magallanes inició esa aventura en 1519 dispuso de cinco barcos, de los cuales solo llegó al puerto final uno, con 18 supervivientes. Con el paso del tiempo y las mejoras tecnológicas, cada vez es más fácil y accesible superar esos hitos. Por eso no es de extrañar que haya llegado un momento en el que el objetivo no sea crear o abrir nuevos caminos, sino “superar al anterior, acortar tiempo y ser el más rápido”.
Primero vivirlo y luego contarlo:
Elizabeth rompe y se salta los límites: ella también puede salir e investigar y no solo eso, sino que lo hará desde dentro, viviendo y experimentando. Su historia da para una serie de Netflix; llegó a infiltrarse en un manicomio, pero no quiero desviarme del punto: el reto que se autoimpuso y superó. Dar la vuelta al mundo, imaginada por Julio Verne, en menos de 80 días. Lo logró en 72 días, 6 horas y 11 minutos, para ser exactos. Un viaje “fugaz” en el que estuvo desde dos días hasta escasas horas en cada puerto.
Objetivo seguido, pero ¡cómo ha cambiado todo desde que Magallanes emprendió su viaje por necesidad y con un peligro mortal, hasta Nellie, cuando el transporte había evolucionado, todo estaba mejor conectado y ya no era una necesidad real, sino una inquietud personal!
Mi cabeza sigue volando: ¿cómo habría sido el viaje de Nellie en pleno inicio de 2026?
Antes de responder, paremos y observemos nuestro mundo actual: las redes lo dominan todo. La mayoría de la gente vive todo a través de una cámara, desde un concierto hasta un accidente de tráfico; la IA nos permite estar donde queramos a un golpe de clic y con quien queramos. Estamos en un momento en el que todos queremos ser protagonistas, sacar nuestro teléfono y contar lo que hacemos. Cuanto más, mejor.
¿Y si Nellie Bly viajara hoy?
Ahora sí, con esto, lo tengo claro: Nellie habría mirado atrás y se habría marcado el reto de dar la vuelta al mundo en 80 días exactos, recreando el viaje propuesto por Julio Verne, pero como en la época, con los medios de transporte más similares posibles, dejando el teléfono de lado y volviendo al cuaderno y quizá a una Polaroid, lo más parecido a las cámaras de la época, sin necesidad de cargar con un armatoste que podría explotar.
Paradójicamente, si Nellie se plantease el viaje de Verne en pleno 2026, su objetivo no sería comprobar y batir un récord, sino parar y volver a conectar con un momento pasado, donde la velocidad era lentitud en comparación con el ahora. Propondría volver a viajes introspectivos, sintiendo y conectando con el lugar, y dejando para las noches los vlogs y los artículos.
Llaman a embarcar
En menos de tres horas recorreré una distancia que, en tiempos de Fernando de Magallanes, habría supuesto semanas o meses a caballo y en barco. Y que, en tiempos de Nellie Bly, habría requerido casi una semana combinando tren, barco y algún tramo en carruaje.
El verdadero reto hoy es conectar con el ahora y no mirar el mundo pensando de que, si no hay foto, no has estado.
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¿Qué buscamos cuando viajamos?
Da la sensación de que todo el mundo puede viajar y de que ya no hay casi nada por descubrir. Quizá solo nos queda sobreexplotarlo turísticamente como el Everest: hace años un hito, ahora una excursión de domingo por la mañana.


